Comienzo mi primera entrada en
este blog, y por dicha razón pretendo empezar desde el principio.
Soy
escritor.
¿Escritor? –
os preguntaréis - ¿Quién puede o debe considerarse escritor? ¿Aquél que es
reconocido y refutado en dicho arte? ¿Aquél que vive de la escritura?
Podría
pensarse que escritor es toda persona que escribe de forma regular,
independientemente de que sus creaciones sean o no leídas, remuneradas o
reconocidas. A mi entender, escritor es toda persona que disfruta jugando con
las palabras y las ordena de tal forma que crea con ellas historias capaces de
ilusionar, emocionar o dotar de algún sentimiento a alguien. Porque un escritor
sin lector es una acción inacabada; un invierno sin frío o un verano sin sol.
El fin último de todo lo escrito es ser leído. Yo siempre digo que el autor
solo hace la mitad del trabajo, mientras que la otra mitad debe ser completada
por quien lee la obra.
La remuneración y el reconocimiento añaden consistencia
al término, pero nunca pueden considerarse como una cualidad indispensable.
Por
todo lo anterior, me considero escritor.
Comencé
en este mundo atraído por la lectura, pues todo aquél que pretenda hacer bien
las cosas deberá ser monaguillo antes que fraile. Desde joven, devoré los
libros que años después fueron la base del estilo de mi escritura. Un estilo
que, como nos sucede a todos, es peculiar y único, como lo es nuestra huella
dactilar, y que continuará perfeccionándose hasta el texto final, porque nunca
acabamos de aprender del todo.
Una vez me preguntaron que era más
determinante en un escritor: la calidad de su escritura o la de su imaginación. Entiendo
que, como todo en la vida, la virtud se encuentra en el término medio. Pero si
tuviera que elegir entre una de las dos cualidades, mi preferida sería siempre la
imaginación. Se puede poseer una calidad literaria excepcional y ser incapaz de
hilvanar una historia que emocione o cautive al lector – soy testigo de ello -.
Libros con unos recursos lingüísticos y literarios fabulosos se convierten en
un tostón que terminamos a duras penas y sufriendo; si es que al final
conseguimos acabarlos. Sin embargo, una buena historia conseguirá atraparnos
desde el inicio independientemente de la calidad con la que sea contada. El
lenguaje más simple puede engancharnos si la idea es buena.
A
través de las siguientes entradas, comentaré, poco a poco, las vicisitudes
padecidas hasta que conseguí publicar. Editoriales, agencias, auto-publicación…
Todo un mundo lleno de sorpresas y caminos oscuros por los que todo escritor novel
debe transitar hasta conseguir asentarse.
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