viernes, 26 de febrero de 2021

 

Publicar en AMAZON

  Amazon es, sin lugar a duda, el gigante de la distribución on-line más importante en la actualidad. Tal es su capacidad de penetración comercial que nadie puede competir con él. Variedad, precios bajos e incluso entregas en el mismo día le convierten en un enemigo difícil de derrotar. Su capacidad es tan feroz que es capaz de competir con cualquier comercio de barrio. No obstante, yo no quiero entrar a juzgar los pros y las contras del gigante americano, sino que hablaré sobre las bondades de su sistema de publicación.

  Para los escritores Amazon ha supuesto una verdadera revolución, y para mí en particular, el instrumento mediante el que mis libros han podido llegar a miles de personas y países tan lejanos como Japón. Durante años perdí el tiempo intentando que una editorial se fijase en mis novelas mientras enviaba decenas de propuestas y ejemplares. Oí, que no escuché, los cantos de sirena de aquellos editores que suelen pedir euros a cambio de una edición. Me registré  en plataformas  de autopublicación hasta que comprendí que los lectores no suelen visitarlas mucho. En definitiva, una travesía por un desierto dónde el fruto no se veía crecer por ninguna parte. Sin embargo todo cambio cuando descubrí Amazon y comprendí que acababa de llegar al edén que había estado buscado durante tantos años. Y es que cuando participas en un mercado al que acuden millones de clientes diariamente, solo puedes pensar que te encuentras en el lugar adecuado.

  Yo escribo por diversión. Disfruto creando historias y tramas, y más que un hobby, lo considero un vicio al que no le falta su ración de mono. Pero también es cierto que la aspiración de todo creador es que su obra llegue al máximo público posible. Y más que vender, busco que me lean. Dichos conceptos que pudieran parecer similares, no lo son.

   Amazon me ha dado todo lo que un escritor desea: posibilidad de publicación en varios formatos (digital y papel) mediante un proceso sencillo e intuitivo. Llegar con mis libros a multitud de países. Miles de lectores. Y por último, quizá porque no es lo que más valoro de todo ese proceso, ingresos  aceptables a través de sus dos sistemas de retribución.

  En la red existen multitud de opiniones de escritores que llegaron a publicar con una editorial convencional. Podría decirse que cumplieron un sueño, aunque en la mayoría de los casos las ediciones, pequeñas para minimizar los riesgos, apenas se vendieron porque el mundo editorial, como casi todo en la actualidad, no conoce la pausa. Unas pocas semanas fueron suficientes para que sus libros pasasen a la historia del ostracismo. Resultado: pocos lectores y poca plata. Las editoriales solo van echar la carne en el asador por aquellos valores seguros. Valiente caballero es don dinero, se solía decir.

  Yo tuve claro que el camino más adecuado era Amazon cuando comprobé que escritores y escritoras que habían publicado con editoriales convencionales, y tenían la posibilidad de volver a publicar con ellas, se decidían por el gigante de la autopublicación.

   Ahora solo lamento los años perdidos en el desierto.

   Tampoco quiero dejar la idea de que el mundo editorial sea algo parecido a Belcebú; ni mucho menos, su labor es importante. En el fondo, a todos nos gustaría que Planeta o Pengui Mondadori apostasen por nosotros, pero hay que ser realistas y saber que no hay nada más seguro como tener los pies en el suelo. Si conoces cual es tu lugar, será más difícil perderte.

   https://kdp.amazon.com/es_ES/

domingo, 12 de mayo de 2019

Las Agencias Literarias


Las Agencias Literarias

   Hoy en día resulta casi imposible llegar a una editorial a no ser que encuentres un buen agente que te apadrine, ganes un concurso literario, o la diosa fortuna ponga sus ojos en ti.
   
   Las agencias literarias se han convertido en un filtro del que se valen los editores para aliviar su duro trabajo de leer y releer todo aquello que les llega que, según parece, es demasiado para prestarle atención. La relación entre agencia y editor podría definirse como una dependencia necesaria de la que ambas partes salen beneficiadas. La agencia, que vive de los libros que es capaz de poner en el mercado, cuidará su prestigio enviando textos que contengan un mínima calidad literaria y que, a su entender, puedan tener una aceptación en el saturado mercado literario. Por su parte, el editor, consciente de ello, se valdrá de ese primer filtro para aliviar su trabajo. Con ello no quiero decir que todas las obras que una agencia proponga a la editorial llegarán a ser publicadas. Conseguir un agente no es garantía de que tu libro colme algún día los anaqueles de las librerías, aunque sí puede suponer un paso importante.
        
   A su vez, y si logras formar parte de ese selecto grupo de escritores por los que una editorial ha decidido jugarse los cuartos, la agencia jugará un papel muy importante a la hora de negociar y calcular los emolumentos que recibirás. Piensa que si tú no consigues muchos réditos, ellos tampoco, pues sus beneficios dependerán porcentualmente de los tuyos.
                
   Agencias hay muchas, por ello resultará determinante el prestigio y los contactos que posea aquella que te elija; porque si eres novel en esto, serán ellas las que te seleccionen. La diferencia entre un buen agente y uno regular resultará primordial para que no sientas que pierdes el tiempo. Te lo digo por experiencia propia.
                
   Hace un par de años yo también tuve una agente. Durante aproximadamente un año movió “Bajo la Catedral” por muchas editoriales del país, aunque sin éxito. Cansado de esperar, un buen día decidí decantarme por la auto-publicación en Amazon, circunstancia que me desaconsejó. Como no le hice caso, dejó de representarme, lo que entendí como normal y nada reprochable. Un año y medio más tarde, “Bajo la Catedral” se convertía en el ebook más leído en Amazon durante varias semanas consecutivas; tenía miles de lectores al mes; y recibía emails de agradecimiento. Es decir, había conseguido la meta de sentirme escritor.
                
    Mi anécdota puede definir claramente que, en ocasiones, el que una agencia decida representarte no es sinónimo de publicación, sino un paso más en la difícil tarea de alcanzar la meta. No obstante, también creo necesario decir que lo que a mí me sucedió no es lo más frecuente. Por ello, si tienes la fortuna de que una agencia llame a tu puerta, escúchala, medita y decide; aunque recuerda  que, en ocasiones, lo más pomposo y fastuoso no siempre es lo más acertado. Pase lo que pase siempre quedará Amazon para publicar. Yo aún no me he arrepentido de elegir dicha plataforma para que miles de personas lean mis libros.

viernes, 18 de enero de 2019

Editoriales de Autoedición


Buscando y buscando, probando y probando, llegué a la tierra de la autoedición. Aquella es una comarca en la que abundan las alabanzas y las lisonjas, por lo que os sentiréis merecedores del Nobel de Literatura, y correréis el riesgo de caer en la autocomplacencia – clara enemiga de la humildad y el trabajo duro que requiere todo escritor -. También he de advertiros de que vuestro bolsillo correrá peligro.
Tras una pequeña criba, llamé a la puerta de una las muchas editoriales que encontré por el camino, aunque no diré cual, pues todo caballero anuncia el pecado pero se reserva al pecador. Allí me atendieron bien desde el primer minuto; todo he de decirlo. Me pidieron la novela, pasaron unas semanas y, un buen día, recibí una carta en la que junto a la aceptación de la publicación me ofrecían una valoración detallada que aún hoy día conservo, y que consiguió hacerme engordar varios kilos de repente. Pensé que aquello no podía ser cierto y por más que me pellizqué, no conseguía despertar del sueño. No hasta que me hicieron llegar las condiciones de publicación. Fue en ese instante cuando, por fortuna, fui capaz de verlo claro y desistí.
El negocio consistía en que yo pagaba los costes de edición de una ingente cantidad de libros por una cantidad de euros mucho más ingente aún. A cambio, ellos me preparaban una presentación en mi ciudad y lanzaban los libros a la distribuidora con la que trabajaban. Por cada libro vendido yo me llevaba un porcentaje elevado, faltaría más. Los libros que no se vendieran pasarían a mí poder para intentar colocarlos yo; es decir, además de escritor, tendría que ser librero.
No creo que sea la fórmula más recomendable, aunque es posible que a alguno le haya ido bien. Aun siendo capaz de venderlos todos y después de un trabajo costoso y algún que otro compromiso, no consigues llegar a más de 500 lectores (creo recordar que era el lote de edición que me ofrecían). Yo, por ejemplo, durante noviembre de 2018 vendí más de 1000 libros en Amazon con “Bajo la Catedral”, a parte de otros miles de lectores que se descargaron el libro con el programa KDP durante ese mes; el coste fue cero.
Por aquel entonces, recuerdo que leí comentarios de decenas de personas que habían apostado por la autoedición, y acababan encontrándose con cajas y cajas repletas de libros en sus casas sin saber qué hacer con ellas.
Para terminar, comentar que existe un “híbrido” llamado Coedición, donde los costes son compartidos entre la editorial y el autor. Esto ya suena un poco mejor, pues si el empresario tiene algo que jugarse pondrá los medios necesarios para intentar resarcirse. No obstante, siempre hay que leer muy bien la letra pequeña.
Mi consejo es la autoedición pero sin que ello te cueste un euro, salvo aspectos imprescindibles como la corrección del libro por profesionales o la edición de la portada para los más sibaritas. Existen multitud de opciones, y entre ellas no hay otra por ahora como Amazon, aunque en otra entrada hablaré sobre mi experiencia con la mayor librería del mundo (o eso creo).
Tropecé en muchos otros agujeros de este complicado mundo de la escritura, pero por fortuna fui capaz de sortear el de la autoedición.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Comenzar buscando Editorial ¿Tiempo perdido?


   Continuando con la entrada anterior, y partiendo de la premisa de que todo escritor o escritora, para ser considerado como tal, debería tener a disposición de los lectores sus obras, la gran mayoría comenzamos una dura carrera de fondo cuyo primer objetivo es intentar que una editorial se fije en nosotros y publique nuestra obra. En dicha empresa malgastamos nuestras energías y nuestro tiempo; primer error del que yo tampoco fui ajeno.
    Dicen que la base de la sabiduría es la experiencia, y la experiencia no es sino una fórmula que mide los aciertos y los fallos en una determinada unidad de tiempo; una vida para ser más exactos. Tras muchos golpes aprendemos lo que tenemos hacer o por dónde debemos caminar. La pena es que mientras aprendemos a no equivocarnos perdemos también un tiempo demasiado valioso.
    Yo cometí el error en el que cayeron y volverán a caer muchos otros. Dediqué todas mis energías a llamar la atención de alguna editorial que quisiera publicar mi primer libro. Para dicho fin, y tras hacerme con decenas y decenas de correos electrónicos, envié una ingente batería de emails; algunos con el texto al completo, otros con sinopsis y algún capítulo suelto. Alguien se interesaría por mi novela – pensé mientras esperaba una respuesta. Todos pensamos que nuestro libro es único, excelente e irrepetible; yo también caí en ese tipo de soberbia que, sin ser mala del todo, nos impide progresar. Los días se sucedieron y, al cabo de algunas semanas, tan solo unas pocas respuestas lograron regresar de la batalla; las noticias que portaban no eran positivas.
     El primer baño de realidad siempre es duro, pero también resulta imprescindible para seguir creciendo. Muchos se rindieron aquí, pero solo el que resiste logrará llegar hasta el final.
     Con el tiempo llegué a entender que el mundo editorial es una férrea muralla a cuyo interior solo puede accederse a través de una puerta muy pequeñita; todos no cabemos a la vez. Puedes perder el tiempo en intentar entrar por ahí o puedes buscar otros caminos; en tu mano está la decisión. Bueno, se me olvidaba, también existe un acceso VIP, reservado para aquellos que puedan acreditar poseer un número elevado de seguidores dispuestos a comprar su libro y, por ende, a generar ingresos. Por este último acceso no se exige que seas tú el que has escrito el texto, simplemente se conforman con que figures como el autor. Y es que, al fin y al cabo, una editorial no deja de ser una empresa con unos socios y accionistas que demandarán obtener unos determinados beneficios a final de cada ejercicio. Siendo empáticos, si estuviéramos al frente de alguna de ellas, probablemente actuaríamos de igual forma. Apostar por un escritor novel es un riesgo que muy pocos están dispuestos a asumir.
     En España durante el año 2016 se editaron más de 224 millones de ejemplares de 86.000 títulos distintos; el 40% fueron devueltos a las editoriales. Es decir, de cada 100 libros impresos, se venden un poco más de la mitad. Parte de los no vendidos acabarán en mercadillos ambulantes a no más de 5 euros, mucho menos de lo que costó producirlos. El resto seguramente acabarán sacrificados. Con estos números, es normal que nadie se la juegue.
     Malgastado el tiempo, comprendí que existen otros medios mucho más efectivos para conseguir el objetivo de conseguir vender miles de libros y llegar a los lectores. Más adelante hablaré de mi experiencia en Amazon (aún hoy en día me lamento por no haberlo descubierto antes). No obstante, y antes de conseguir que la gran plataforma de comercio digital me ofreciera la oportunidad que siempre había deseado, la travesía por el desierto me ofreció otras lecciones de las que trataré de hablar en otras entradas. Editoriales de auto-publicación, agentes, concursos…
     Una vez leí una cita que, si no recuerdo mal, venía a decir “Antes de pretender publicar un libro intenta ser famoso”.
      Nos leemos en la próxima.


jueves, 1 de noviembre de 2018

Ser escritor.


   Comienzo mi primera entrada en este blog, y por dicha razón pretendo empezar desde el principio.
   
   Soy escritor.

   ¿Escritor? – os preguntaréis - ¿Quién puede o debe considerarse escritor? ¿Aquél que es reconocido y refutado en dicho arte? ¿Aquél que vive de la escritura?

   Podría pensarse que escritor es toda persona que escribe de forma regular, independientemente de que sus creaciones sean o no leídas, remuneradas o reconocidas. A mi entender, escritor es toda persona que disfruta jugando con las palabras y las ordena de tal forma que crea con ellas historias capaces de ilusionar, emocionar o dotar de algún sentimiento a alguien. Porque un escritor sin lector es una acción inacabada; un invierno sin frío o un verano sin sol. El fin último de todo lo escrito es ser leído. Yo siempre digo que el autor solo hace la mitad del trabajo, mientras que la otra mitad debe ser completada por quien lee la obra.

  La remuneración y el reconocimiento añaden consistencia al término, pero nunca pueden considerarse como una cualidad indispensable.

    Por todo lo anterior, me considero escritor.
   
   Comencé en este mundo atraído por la lectura, pues todo aquél que pretenda hacer bien las cosas deberá ser monaguillo antes que fraile. Desde joven, devoré los libros que años después fueron la base del estilo de mi escritura. Un estilo que, como nos sucede a todos, es peculiar y único, como lo es nuestra huella dactilar, y que continuará perfeccionándose hasta el texto final, porque nunca acabamos de aprender del todo.

   Una vez me preguntaron que era más determinante en un escritor: la calidad de su escritura o la de su imaginación. Entiendo que, como todo en la vida, la virtud se encuentra en el término medio. Pero si tuviera que elegir entre una de las dos cualidades, mi preferida sería siempre la imaginación. Se puede poseer una calidad literaria excepcional y ser incapaz de hilvanar una historia que emocione o cautive al lector – soy testigo de ello -. Libros con unos recursos lingüísticos y literarios fabulosos se convierten en un tostón que terminamos a duras penas y sufriendo; si es que al final conseguimos acabarlos. Sin embargo, una buena historia conseguirá atraparnos desde el inicio independientemente de la calidad con la que sea contada. El lenguaje más simple puede engancharnos si la idea es buena.

   A través de las siguientes entradas, comentaré, poco a poco, las vicisitudes padecidas hasta que conseguí publicar. Editoriales, agencias, auto-publicación… Todo un mundo lleno de sorpresas y caminos oscuros por los que todo escritor novel debe transitar hasta conseguir asentarse.

  Publicar en AMAZON   Amazon es, sin lugar a duda, el gigante de la distribución on-line más importante en la actualidad. Tal es su capac...