viernes, 18 de enero de 2019

Editoriales de Autoedición


Buscando y buscando, probando y probando, llegué a la tierra de la autoedición. Aquella es una comarca en la que abundan las alabanzas y las lisonjas, por lo que os sentiréis merecedores del Nobel de Literatura, y correréis el riesgo de caer en la autocomplacencia – clara enemiga de la humildad y el trabajo duro que requiere todo escritor -. También he de advertiros de que vuestro bolsillo correrá peligro.
Tras una pequeña criba, llamé a la puerta de una las muchas editoriales que encontré por el camino, aunque no diré cual, pues todo caballero anuncia el pecado pero se reserva al pecador. Allí me atendieron bien desde el primer minuto; todo he de decirlo. Me pidieron la novela, pasaron unas semanas y, un buen día, recibí una carta en la que junto a la aceptación de la publicación me ofrecían una valoración detallada que aún hoy día conservo, y que consiguió hacerme engordar varios kilos de repente. Pensé que aquello no podía ser cierto y por más que me pellizqué, no conseguía despertar del sueño. No hasta que me hicieron llegar las condiciones de publicación. Fue en ese instante cuando, por fortuna, fui capaz de verlo claro y desistí.
El negocio consistía en que yo pagaba los costes de edición de una ingente cantidad de libros por una cantidad de euros mucho más ingente aún. A cambio, ellos me preparaban una presentación en mi ciudad y lanzaban los libros a la distribuidora con la que trabajaban. Por cada libro vendido yo me llevaba un porcentaje elevado, faltaría más. Los libros que no se vendieran pasarían a mí poder para intentar colocarlos yo; es decir, además de escritor, tendría que ser librero.
No creo que sea la fórmula más recomendable, aunque es posible que a alguno le haya ido bien. Aun siendo capaz de venderlos todos y después de un trabajo costoso y algún que otro compromiso, no consigues llegar a más de 500 lectores (creo recordar que era el lote de edición que me ofrecían). Yo, por ejemplo, durante noviembre de 2018 vendí más de 1000 libros en Amazon con “Bajo la Catedral”, a parte de otros miles de lectores que se descargaron el libro con el programa KDP durante ese mes; el coste fue cero.
Por aquel entonces, recuerdo que leí comentarios de decenas de personas que habían apostado por la autoedición, y acababan encontrándose con cajas y cajas repletas de libros en sus casas sin saber qué hacer con ellas.
Para terminar, comentar que existe un “híbrido” llamado Coedición, donde los costes son compartidos entre la editorial y el autor. Esto ya suena un poco mejor, pues si el empresario tiene algo que jugarse pondrá los medios necesarios para intentar resarcirse. No obstante, siempre hay que leer muy bien la letra pequeña.
Mi consejo es la autoedición pero sin que ello te cueste un euro, salvo aspectos imprescindibles como la corrección del libro por profesionales o la edición de la portada para los más sibaritas. Existen multitud de opciones, y entre ellas no hay otra por ahora como Amazon, aunque en otra entrada hablaré sobre mi experiencia con la mayor librería del mundo (o eso creo).
Tropecé en muchos otros agujeros de este complicado mundo de la escritura, pero por fortuna fui capaz de sortear el de la autoedición.

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