domingo, 12 de mayo de 2019

Las Agencias Literarias


Las Agencias Literarias

   Hoy en día resulta casi imposible llegar a una editorial a no ser que encuentres un buen agente que te apadrine, ganes un concurso literario, o la diosa fortuna ponga sus ojos en ti.
   
   Las agencias literarias se han convertido en un filtro del que se valen los editores para aliviar su duro trabajo de leer y releer todo aquello que les llega que, según parece, es demasiado para prestarle atención. La relación entre agencia y editor podría definirse como una dependencia necesaria de la que ambas partes salen beneficiadas. La agencia, que vive de los libros que es capaz de poner en el mercado, cuidará su prestigio enviando textos que contengan un mínima calidad literaria y que, a su entender, puedan tener una aceptación en el saturado mercado literario. Por su parte, el editor, consciente de ello, se valdrá de ese primer filtro para aliviar su trabajo. Con ello no quiero decir que todas las obras que una agencia proponga a la editorial llegarán a ser publicadas. Conseguir un agente no es garantía de que tu libro colme algún día los anaqueles de las librerías, aunque sí puede suponer un paso importante.
        
   A su vez, y si logras formar parte de ese selecto grupo de escritores por los que una editorial ha decidido jugarse los cuartos, la agencia jugará un papel muy importante a la hora de negociar y calcular los emolumentos que recibirás. Piensa que si tú no consigues muchos réditos, ellos tampoco, pues sus beneficios dependerán porcentualmente de los tuyos.
                
   Agencias hay muchas, por ello resultará determinante el prestigio y los contactos que posea aquella que te elija; porque si eres novel en esto, serán ellas las que te seleccionen. La diferencia entre un buen agente y uno regular resultará primordial para que no sientas que pierdes el tiempo. Te lo digo por experiencia propia.
                
   Hace un par de años yo también tuve una agente. Durante aproximadamente un año movió “Bajo la Catedral” por muchas editoriales del país, aunque sin éxito. Cansado de esperar, un buen día decidí decantarme por la auto-publicación en Amazon, circunstancia que me desaconsejó. Como no le hice caso, dejó de representarme, lo que entendí como normal y nada reprochable. Un año y medio más tarde, “Bajo la Catedral” se convertía en el ebook más leído en Amazon durante varias semanas consecutivas; tenía miles de lectores al mes; y recibía emails de agradecimiento. Es decir, había conseguido la meta de sentirme escritor.
                
    Mi anécdota puede definir claramente que, en ocasiones, el que una agencia decida representarte no es sinónimo de publicación, sino un paso más en la difícil tarea de alcanzar la meta. No obstante, también creo necesario decir que lo que a mí me sucedió no es lo más frecuente. Por ello, si tienes la fortuna de que una agencia llame a tu puerta, escúchala, medita y decide; aunque recuerda  que, en ocasiones, lo más pomposo y fastuoso no siempre es lo más acertado. Pase lo que pase siempre quedará Amazon para publicar. Yo aún no me he arrepentido de elegir dicha plataforma para que miles de personas lean mis libros.

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