Las Agencias Literarias
Hoy
en día resulta casi imposible llegar a una editorial a no ser que encuentres un
buen agente que te apadrine, ganes un concurso literario, o la diosa fortuna
ponga sus ojos en ti.
Las
agencias literarias se han convertido en un filtro del que se valen los
editores para aliviar su duro trabajo de leer y releer todo aquello que les
llega que, según parece, es demasiado para prestarle atención. La relación
entre agencia y editor podría definirse como una dependencia necesaria de la que
ambas partes salen beneficiadas. La agencia, que vive de los libros que es capaz
de poner en el mercado, cuidará su prestigio enviando textos que contengan un
mínima calidad literaria y que, a su entender, puedan tener una aceptación en
el saturado mercado literario. Por su parte, el editor, consciente de ello, se valdrá
de ese primer filtro para aliviar su trabajo. Con ello no quiero decir que
todas las obras que una agencia proponga a la editorial llegarán a ser
publicadas. Conseguir un agente no es garantía de que tu libro colme algún día
los anaqueles de las librerías, aunque sí puede suponer un paso importante.
A
su vez, y si logras formar parte de ese selecto grupo de escritores por los que
una editorial ha decidido jugarse los cuartos, la agencia jugará un papel muy
importante a la hora de negociar y calcular los emolumentos que recibirás.
Piensa que si tú no consigues muchos réditos, ellos tampoco, pues sus
beneficios dependerán porcentualmente de los tuyos.
Agencias
hay muchas, por ello resultará determinante el prestigio y los contactos que
posea aquella que te elija; porque si eres novel en esto, serán ellas las que
te seleccionen. La diferencia entre un buen agente y uno regular resultará
primordial para que no sientas que pierdes el tiempo. Te lo digo por
experiencia propia.
Hace
un par de años yo también tuve una agente. Durante aproximadamente un año movió
“Bajo la Catedral” por muchas editoriales del país, aunque sin éxito. Cansado
de esperar, un buen día decidí decantarme por la auto-publicación en Amazon,
circunstancia que me desaconsejó. Como no le hice caso, dejó de representarme,
lo que entendí como normal y nada reprochable. Un año y medio más tarde, “Bajo
la Catedral” se convertía en el ebook más leído en Amazon durante varias
semanas consecutivas; tenía miles de lectores al mes; y recibía emails de
agradecimiento. Es decir, había conseguido la meta de sentirme escritor.
Mi
anécdota puede definir claramente que, en ocasiones, el que una agencia decida
representarte no es sinónimo de publicación, sino un paso más en la difícil
tarea de alcanzar la meta. No obstante, también creo necesario decir que lo que
a mí me sucedió no es lo más frecuente. Por ello, si tienes la fortuna de que una
agencia llame a tu puerta, escúchala, medita y decide; aunque recuerda que, en ocasiones, lo más pomposo y fastuoso
no siempre es lo más acertado. Pase lo que pase siempre quedará Amazon para
publicar. Yo aún no me he arrepentido de elegir dicha plataforma para que miles
de personas lean mis libros.
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